Me amaba tanto que empezó a hacer las cosas por mí. Quería protegerme y ahorrarme todos los esfuerzos.
Yo me dejé.
Me pelaba la fruta. Me ataba los cordones. Elegía mi ropa. Contestaba por mí. Pensaba por mí.
Respiró por mí.
En septiembre vuelve Habitar la noche, uno de los talleres de Literatura en el umbral. Un taller online de 4 semanas donde nos encontramos para leer, escribir y adentrarnos en un nuevo territorio de la mano de Novalis, Breton, Malcom de Chazal y Alejandra Pizarnik, entre otros.
Es acá: https://marinaboschi.gumroad.com/l/noche
Marina Boschi
P.D.: a veces lo difícil no es contar lo que pasó sino enfrentarnos a lo que significó. En Habitar la noche escribimos esas historias que, si no ponemos en palabras, terminan respirando por nosotros.



Qué buen análisis sobre la frontera invisible entre la protección afectiva y la anulación del individuo. Utilizar la metáfora del cuidado extremo para mostrar cómo el sobreproteccionismo termina por borrar la identidad propia es un recurso narrativo impecable y sobrecogedor.
Cuestionar esos cuidados que asfixian ayuda a romper la inercia de la dependencia, limpia las distorsiones del amor entendido como control y apuntala la idea de que recuperar el espacio personal es indispensable para proteger la autonomía psicológica futura.
Hay una frase que se me quedó dando vueltas: "Respiró por mí".
Eso es lo que hace tan difícil reconocer ciertas dinámicas. No suelen empezar con control, sino con cuidados que poco a poco te van quitando espacio.
Hay un concepto en psicología, la "indefensión aprendida", que explica cómo, cuando durante mucho tiempo otro decide por ti, llega un momento en que dejas de intentar decidir aunque ya puedas hacerlo.
Escribir sobre eso quizá sea una de las pocas maneras de volver a distinguir qué era amor y qué era desaparición de uno mismo.